Investigar la sociedad digital

Publicado en revista: "Investigación y Márketing"

Por: Adolfo Estrella
QUIBER - aestrella@quiber.com
Enero 2007

En este breve artículo(1) nos interesa bosquejar algunos de los rasgos de lo que en nuestra opinión constituye un objeto privilegiado de la investigación de la sociedad digital: las prácticas sociales digitalizada en red. Nuestro enfoque será sociotecnológico, es decir, aquel que señala la codeterminación de la sociedad y la tecnología, o dicho de otro modo: que entiende que son sistemas correlativos que se definen mutuamente, a tal punto que la distinción entre ambos sólo tiene sentido con fines analíticos. El acento en las prácticas sociales digitalizadas implica, entre otras cosas relevantes, en el estudio de la sociedad digital, “salir del artefacto tecnológico”, escapar a su evidencia, sobre todo escapar a su dimensión de “uso”, y verlo como la proyección de identidades y relaciones sociales. Todas estas cuestiones constituyen las condiciones necesarias para avanzar en una mejor compresión de la sociedad que emerge ante nuestros ojos atónitos.

Enfoque sociotecnológico

A los sociólogos que participamos de una visión no dualista de los mundos tecnocientíficos y socioculturales generalmente nos resulta difícil hacer entender a nuestros interlocutores, ya sean clientes, lectores o público en general, la existencia de componentes sociales en las tecnologías y de componentes tecnológicos en la sociedad. Con más precisión: lograr comunicar la idea de que todo artefacto tecnológico es social en su génesis y en sus usos y toda sociedad es tecnológica, o por lo menos técnica, en sus dinámicas de interrelación entre sus miembros. Existe una mediación tecnológica de la sociedad y una mediación social de la tecnología.

Arribar a una visión no dualista de la tecnología y la sociedad no es fácil como tampoco es fácil avanzar en una visión no dualista de la realidad en general. Por un lado, estamos acostumbrados a las oposiciones y distinciones del tipo dentro/fuera; sistema/entorno; centro/periferia etc. derivadas de una epistemología y de un sentido común dualista. Por otro, estamos también acostumbrados, a una visión de lo tecnológico, cosificada en el artefacto, que se resiste a ver lo que se esconde o esconden detrás de éstos: lógica de actores, juegos de poder, intereses, deseos, proyectos. Un economista y teórico social alemán del siglo diecinueve llamaba a este fenómeno “fetichismo”. Él lo centraba en las mercancías pero es perfectamente extensible a los objetos tecnológicos, que, dicho sea de paso, en la mayoría de los casos son mercancías. Más cerca de nuestros días Pierre Levy señala que “incluso si suponemos que existen efectivamente tres entidades: técnica, cultura y sociedad, en lugar de poner el acento en el impacto de las tecnologías se podría entender que las tecnologías son producto de una sociedad o de una cultura. Pero la distinción entre cultura (la dinámica de las representaciones) sociedad (la gente, sus lazos, sus intercambios, sus relaciones de fuerza) y técnica (los artefactos eficaces) no puede ser más que conceptual”(2)

Salir del artefacto

Existen múltiples y variadas formas de investigar aquello que se llama sociedad digital. Es decir, esta forma histórica de ordenar las prácticas, los intercambios y los significados sociales le ofrece al investigador social múltiples objetos posibles de indagación. Sin embargo, la mayoría de los acercamientos al estudio de la sociedad digital ponen el acento en la manifestación más evidente de ella: los objetos o artefactos digitales. La evolución de la sociedad digital se lee desde la evolución de dichos artefactos, de sus posibilidades y de sus límites. El desarrollo de los objetos tecnológicos es visto como externo y determinante de las realidades sociales y culturales. A esos objetos, creados por mentes y manos humanas, se les rinde culto y pleitesía y, aunque luego terminen sus días como indignos residuos contaminantes en los vertederos, se les atribuye una vida soberana y diferenciada de las relaciones y prácticas sociales en las que participan.

Esto lo vemos reflejado, por ejemplo, en el caso de los ordenadores, objeto emblemático de la sociedad digital: se habla de ellos como si de una estirpe se tratara y que se iría reproduciendo a lo largo del tiempo de manera autónoma e independiente de la voluntad de sus creadores. Es así que oímos hablar de ordenadores de primera, segunda y hasta quinta generación o más y admiramos, embelesados, la fuerza desafiante de la tecnología.

Pero es evidente que la sociedad digital tiene más riquezas y matices que los que aparecen en su superficie . En particular, es importante entender que, el objeto de investigación(3) no es el objeto tecnológico en sí mismo. No es el artefacto, ya sea un ordenador, un juego en red, una aplicación informática, un portal web etc. Por supuesto que nuestros clientes quieren conocer el impacto de un objeto tecnológico, de una nueva variante tecnológica de éste o de un nuevo interfaz; quieren conocer los efectos que puede producir en el mercado o en un entorno organizativo, etc. Pero los investigadores sociales, debemos reconducir esa demanda, tenerla presente y usarla como referencia, pero dirigir nuestra capacidad analítica e interpretativa hacia nuestro verdadero objeto de investigación que son los sistemas sociotecnológicos en los que los artefactos se inscriben. Estos sistemas se configuran en la articulación, siempre particular, de sujetos y objetos en un domino social determinado. Es allí, en el juego contingente, de objetos y sujetos, dentro de unas prácticas sociales, manifiestas o latentes, donde encontramos nuestro objeto de investigación privilegiado.

Goya 115. Oficina 513-514. 5ª planta. 28009 Madrid, España